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Las claves más importantes del esperado apagón

Las claves más importantes del esperado apagón

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Si uno lee según qué medios de comunicación, pareciera que esta Navidad se acerca el Armagedón, el Apocalipsis que barrerá con la civilización que conocemos. Sin embargo, tras haber pasado un periodo tan crítico como el de la pandemia de la COVID-19 (que, en realidad, aún sigue con nosotros), parece claro que deberíamos aprender a dimensionar en su justa medida los riesgos presentes y potenciales. Ojo, dimensionar en su justa medida, no infravalorar. Pero tampoco exagerar. Veamos, pues, qué hay de cierto y de exagerado en el tema del anunciadísimo gran apagón.

apagón energéntico

Serenidad frente al anuncio del posible gran apagón

Recordemos, antes de nada, que toda esta psicosis se ha desactivado sobre todo a partir de la publicación de un informe de las Fuerzas Armadas de Austria que alertaban a sus conciudadanos de un potencial gran apagón. Bien, tengamos en cuenta primeramente que este tipo de informes son habituales en Austria. Sí, hay Estados muy previsores, que preparan y conciencian a sus ciudadanos respecto a determinados riesgos a corto, medio y largo plazo. Además, el informe en ningún momento habla de un apagón inminente, sino que lo plantea como una posibilidad de aquí a varios años.

El trasfondo real de todo este asunto, no obstante, es un problema real: el gran cuello de botella creado en la cadena logística mundial como consecuencia del shock creado por la pandemia del coronavirus, por un lado, y el encarecimiento permanente de los precios de materias primas básicas, que pueden crear serios problemas en el transporte mundial. De acuerdo, esto es un hecho incontrovertible que admiten incluso las compañías navieras más relevantes del mundo. Pero de aquí no cabe colegir que se vaya a producir necesariamente un gran apagón o un colapso, como algunos de forma agorera están anunciando. Es más, podemos pensar que la crisis actual puede ser en realidad una ventana abierta de nuevas oportunidades.

apagón energético

Teniendo en cuenta que el problema energético y medioambiental es innegable y acuciante, el episodio crítico actual puede devenir en una oportunidad de oro para modificar nuestro paradigma de crecimiento, nuestra organización social y económica.

Por ejemplo, no tiene sentido que, por respetar las llamadas cadenas de valor, una persona consuma una fruta envasada que ha recorrido el globo entero. Asimismo, también cabría preguntarse hasta qué punto tiene sentido que, ahora que está tan en boga la crisis de los superconductores (chips indispensables para la industria del entretenimiento, entre otras), la fabricación de estos costosos circuitos esté exclusivamente centralizada en China, Corea del Sur y Taiwán, fundamentalmente.

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Por último, merece la pena recordar que en países como España el riesgo de gran apagón es bajísimo, pues hay suficiente capacidad de producción y diversificación para no depender de una sola fuente de energía. Así que… ¡que no cunda el pánico!

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