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Papás al borde de un ataque de nervios

Papás al borde de un ataque de nervios

Todos sabemos que educar a una persona no es siempre una tarea fácil. A veces, mientras estamos con nuestros hijos, los problemas del día a día, el cansancio o la sobrecarga de trabajo nos superan y nuestra paciencia se esfuma. Son situaciones que ponen al borde de un ataque de nervios.

Es en estos momentos en los que llegamos al límite y soltamos un grito o dos, nos enfurecemos y aflora nuestro enfado. De pronto pensamos: “este juego no es tan divertido y gracioso” o la frase típica “¿no puedes estarte quieto ya?”.

Papás al borde de un ataque de nervios

¿Qué hacer si la situación nos sobrepasa?

Cuando sentimos que la situación nos ha sobrepasado- y que probablemente no era tan importante o que la conducta de nuestros hijos no era tan mala-,

puede ser útil parar un minuto para respirar, descansar y analizar la situación mejor.

Compartir esto con los hijos, especialmente cuando se asustan por nuestra actitud o se muestran aún más inquietos puede ser muy beneficioso. Pasado el momento de enfado podemos buscarlos para charlar con ellos brevemente. Los niños no necesitan muchas explicaciones para comprender. Basta un comentario como “Lo siento. Hoy estoy muy cansado y por eso me he enfadado, pero ahora ya no lo estoy”.

Papás al borde de un ataque de nervios

Es importante que alejemos la culpa de ellos y separemos las conductas de nuestros hijos de etiquetas como “eres malo” o “si no quieres que me enfade, no hagas X”.

Dos cosas han de quedar claras: Todos podemos enfadarnos. No enfadarnos nunca no es posible. Lo principal es qué podemos hacer con ese enfado. Podemos alimentarlo o podemos pararnos a pensar, explicar a los demás cómo nos sentimos, cambiar de actividad… y encontrar de nuevo una actitud positiva.

Esta manera de actuar enseña a los niños a través de nosotros a reconocer sus propias emociones cuando aparecen y a gestionarlas después. Esa es la base de la inteligencia emocional.

Lo  importante no es mantener a nuestros hijos alejados de las emociones negativas, sino enseñarles que existen, que todos las sentimos y que podemos hacer cosas para encontrarnos mejor.

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