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La media naranja

La media naranja

La media naranja ¿Mito o realidad?

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Ponte a pensar un instante y dime, ¿realmente existen las almas gemelas? ¿Qué tan real es el tema de la media naranja? A esta pregunta existen tanto respuestas negativas como positivas. La mayoría de aquellos quienes están casados, con parejas estables, contestan que por supuesto que existe la media naranja y que ellos/ as la han conseguido. Sin embargo aquellos que atraviesan por rupturas o están solteras, nos dicen todo lo contrario, que son “bobadas”. Desde la psicología podemos decir que es un mito.

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En concreto se relaciona con el Mito del Andrógino que nos cuenta Platón en “El Banquete” y donde se explica precisamente el motivo por el que nos pasamos la vida intenta encontrar a “esa persona”, a nuestra mitad o a nuestra media naranja, lo que viene siendo el amor verdadero. En la obra se narra, como en tiempos atrás existían tres sexos en el ser humano. El femenino, el masculino y el andrógino (andro – hombre, gino – mujer). Este último tenía una forma peculiar: ser redondeado, con 4 brazos, 4 piernas, 2 cabezas y una fuerza multiplicada por dos. La fuerza era tan importante que podría equipararse a la de los titanes. Un buen día los andróginos decidieron organizarse y luchar contra los dioses, pero estos se dieron cuenta que no podían terminar con ellos, pues eran seres humanos y los seres humanos eran quienes les adoraban, no podían quedarse sin adoraciones. Pero el dios Zeus, pensó que sí podía dividir su fuerza, partiéndolos por la mitad. Cogió su rayo, los dividió y no contento, puso a cada mitad muy lejos de la otra para que no se encontraran. El Amor desde tiempos inmemoriales trata de unirlos, de manera que, cuando se encuentran se unen de tal forma que es para toda la vida, tratando cada uno de reunirse y fundirse con el amado y convertirse de dos seres en uno solo, de manera que tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie cuando se dé el tiempo en que la mitad de la Humanidad se encuentre con su otra mitad.

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Más allá del mito, existen dos tipos de personas: las que creen en el mito, y las que creen en la construcción de relaciones.

media-naranja-1Las primeras de ellas, ya incurren en dos fallos: piensan que estamos predestinados a ser de una determinada manera y también que el resto de personas están predestinadas a ser de una forma concreta: no importa donde se hayan criado, no importa lo que hagan, no importan sus relaciones sociales, etc. Esto les hace pensar que: por tanto hay una persona predestinada a estar conmigo. Estas personas tienden a ir buscando señales de compatibilidad, señales que les dice dónde está el amor de su vida. Ellos piensa que o una persona te hace “clic” en el corazón desde el principio o sino no merece la pena, no es la media naranja, no hay que hacer un esfuerzo en seguir conociendo a esa persona. Son personas emocionalmente intensas en un principio, que se enamoran de inmediato cuando creen haber visto esas señales que indican que es su alma gemela, pero se desilusionan en seguida, en cuanto aparecen las primeras diferencias. Muchas de ellas, se pasan una vida en busca de esa media naranja, con un ideal magnificado, pero no encuentran a nadie que cubra sus expectativas. Esto normalmente hace que la persona se desilusione, se frustre, yendo de una pareja a otra intentando cubrir esas expectativas y en donde el periodo de enamoramiento, en el que todos estamos “drogados químicamente” (entiéndase que es por el efecto hormonal) por la emoción de haber conocido a alguien que inicialmente nos “cuadra”, estas personas lo confunden con el amor verdadero.

media-naranja-11Por tanto sería buena idea dejar a un lado el mito del alma gemela, y la idea de que existe una persona predestinada y empezar a pensar en que realmente las relaciones se van construyendo. De esta forma, si surge algún obstáculo, podemos seguir trabajando en el. Darnos cuenta de que hay personas que nos van a gustar muchísimo, personas con las que vamos a ser compatibles, pero no al 100% como aquellos que creen en el mito de la media naranja. De esta forma actúan, aquellas personas que creen en el crecimiento romántico, en cultivar la relación, son personas que después de que les gustó la persona, después de que pasó el periodo de enamoramiento, en vez de desilusionarse como lo harían aquellas que creen en la media naranja, deciden trabajar sobre los problemas que van surgiendo, porque realmente va a ser así, eso es lo normal, que surjan diferencias y pequeñas incompatibilidades. Eso es lo que nos hace únicos a cada uno de nosotros.

Si crees en el alma gemela, te vas a sentir muy triste cada vez que haya un desacuerdo, pensarás que tu alma gemela te traicionó, y no es verdad, lo que pasa es que hay gustos diferentes.

media-naranja-2Entonces las personas que creen en el crecimiento romántico, saben que la relación evoluciona con trabajo, con el tiempo, pero sobre todo evoluciona con el compromiso y la disposición a tolerar esas pequeñas diferencias que nos distinguen del otro, y con el reconocimiento de que ciertas cosas no van a cambiar y van a permanecer. Aprenden a negociar, y sobre todo aprenden a cambiar aquellas cosas que sí pueden cambiar. En definitiva, estas personas construyen diariamente su relación y saben que si dejan de hacerlo, puede que la otra persona diga: esto no es lo que habíamos hablado y a no se están cumpliendo los acuerdos a los que llegamos, y entonces sí, esa persona tenderá a alejarse. Es importante también sentir la libertad en la pareja de preguntar sobre cómo se siente en la relación la otra pareja, sobre lo que uno aporta y puede cambiar.

Para finalizar el post, a modo de resumen deciros que: toda persona tiene cualidades y defectos, por tanto la perfección es más que una fantasía. Una relación puede mejorarse con voluntad y trabajo, pero siempre conjunto. Las relaciones más duraderas, suelen ser menos apasionadas al inicio; con trabajo empiezan a descubrir cosas en el otro que les llena. No dejes a una buena pareja por ir en busca de la pareja perfecta que no sabes si existe.

PSICOLOGIA CLAVE: Elena Sánchez-Porro e Irene Albert Cebriá

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