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Y ahora ¿Qué hago con mi dinero?

Y ahora ¿Qué hago con mi dinero?

que-hago-con-mi-dineroRespiramos incertidumbre, e intranquilidad, tanto en cuanto la pregunta de qué se hace hoy en día con el dinero ya no surge entre la gente con poca formación, sino todo lo contrario: se plantea cada día entre la gente que sabe mucho, gente muy preparada, mentes que no se encuentran, precisamente, en el limbo del analfabetismo financiero.

No hay duda de que tras los escándalos financieros de los últimos tiempos muchos ciudadanos prudentes, conscientes de su desconocimiento en materia de inversiones, habían decidido no meterse más en las aventuras recomendadas por los vendedores de productos financieros sobre renta fija, variable, productos estructurados, etc. y dejar los cuatro duros que tenían ahorrados en la cuenta corriente sin más o, a lo sumo, en depósitos a la vista.

El objetivo no era otro que tener alguna garantía de que 100 euros ingresados en la cuenta sigan siéndolo al cabo de unos meses. Contra las sofisticadas explicaciones de los «expertos», la cuenta de la vieja, los números simples e inteligibles, siempre a favor de la lógica y el comportamiento honorable. Una buena alternativa al colchón de toda la vida.

Hay que añadir el hecho de que la guerra por hacerse con el efectivo entre las entidades bancarias ha permitido al ciudadano medio sin más conocimientos disfrutar de unos intereses decentes por sus ahorros para batir, de algún modo, la sombra de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, el primer gran invento del sistema para arruinarnos poco a poco.

Yo me imagino que poderosas razones tendría el Banco de España para que ya en Marzo pusiera freno a los extratipos de los que disfrutábamos los ciudadanos y nos limitaran los intereses en los depósitos muy por debajo de lo necesario para estimular el más mínimo ahorro. Esto ya duele pero el problema, después de las medidas de Chipre, ya no es la rentabilidad sino que se pueda dar algún tipo de legitimidad al hecho de que quitarte el dinero de tu cuenta corriente, sea el estado o quien sea quien lo haga.

En este momento en el para muchos Google se ha convertido en el oráculo del conocimiento, seguro que más de uno le habrá preguntado qué hacer con el dinero al buscador de Google y habrá encontrado a montones de expertos con sus ideas. La que prevalecerá, sin duda, es la de que si ya no podemos confiar en la integridad de nuestros depósitos, lo que debemos hacer, como ciudadanos sensatos, es volver a confiar en las instituciones financieras (¡¡¡¡!!!!) y, sin entender ni papa todavía y sin ninguna reforma del sistema que nos garantice nada, volver, aunque duela, de nuevo, a comprar fondos de Inversión.

Como Trader me paso varias horas al día mirando gráficos de cotizaciones y pendiente de las noticias del sector. Tengo como labor fundamental diaria el intentar entender este galimatías de los mercados financieros con sus idas y venidas, a golpe de observación y estudio y cada día confío menos en todo lo que no sea observar al precio y cuanto más observo más miedo me da entrar en productos de inversión colectiva.

Quede claro que, en una economía de libre mercado cada cual puede fabricar y vender lo que quiera sin hacer daño a nadie y que todo producto que diseñe una empresa está dirigido, lógicamente, a sacar beneficio económico. Los productos de inversión colectiva no son una excepción y su comercialización exige argumentos convincentes de seguridad, rentabilidad etc. Son la versión financiera de la chispa de la vida.

Porque no nos engañemos: nada ha cambiado y los productos de inversiones colectiva que nos siguen ofreciendo siguen empaquetando participaciones en renta fija y variable de tal manera que, sin los conocimientos adecuados, no hay quien sepa realmente cómo funcionan.

Mientras tanto, no hay mejor consejo que el de diversificar.

Una de las formas de hacerlo ya la entiende todo el mundo: no hay que tener demasiado efectivo concentrado en una sola entidad bancaria, aunque nos parezca la más solvente del mundo mundial. Recuerden que parecer y ser son verbos distintos y que el primero simplemente es el traje del segundo.

Por otra parte no hay que descartar las oportunidades que siguen dando los mercados financieros. Mientras la Bolsa Española parece que no levanta cabeza, sigue habiendo empresas españolas que pueden estar en un buen momentum. Tampoco hay por qué desperdiciar las oportunidades que nos ofrece la economía global. La Bolsa Americana, por ejemplo, está en máximos históricos. Esta subida ininterrumpida se ha producido en un entorno de crisis mundial sin precedentes y, parece ser, que con los beneficios corporativos de las empresas americanas también en máximos históricos. Eso, según algunos analistas, puede augurar una continuación de la tendencia, aunque sea inevitable que muchos inversores tengan en este momento sensación de vértigo.

Soy consciente de que no todo el mundo dispone de tiempo ni ganas para convertirse en un experto en la materia pero, a mi modesto entender, ya es hora de que todo el que tenga algo de dinero que rentabilizar y preservar se espabile un poco y adquieran poco de barniz en esta materia, por lo menos para poder evaluar si el asesor de turno le está diciendo más de una tontería. De verdad que no es tan complicado. Empieza a ser una cuestión ya de cultura básica general, puesto que ya hemos visto hacia dónde nos lleva el desconocimiento.

Por otra parte, si no tenemos una necesidad inmediata de liquidez, no hay por qué descartar otras fórmulas que, además pueden ser socialmente necesarias y positivas en estos tiempos de incertidumbre. Se puede invertir y no hacerlo en Bolsa, sino en economía real.

Si se tiene algo de dinero quizás sea este el momento, empleando toda las precauciones necesarias, de escuchar a los amigos que tienen un proyecto o una buena empresa funcionando en la que trabajan buenos profesionales, perfectamente viable y con un problema de liquidez, en parte por el sistema (no hay acceso al dinero y en todo caso a intereses imposibles de asumir. Quizás este, y no otro, sea el momento de tener los oídos, la mente y el corazón abierto, cada uno en sus posibilidades, pensar en cómo podemos ayudar a crear riqueza, que redunde en volver a desarrollar un entramado social y profesional adecuado para nuestros hijos y que nuestros jóvenes mejor preparados no se tengan que marchar al extranjero.

La próxima semana os diré que he hecho con mi dinero.

Teresa Romero

teresa.romero.ruiz@gmail.com

 

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