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La conmovedora carta de Albert Rivera a su padre

La conmovedora carta de Albert Rivera a su padre

La conmovedora carta de Albert Rivera a su padre, Agustín Rivera, fallecido el pasado 20 de agosto: “Rabia, incredulidad e impotencia fue lo único que pude sentir en esos primeros instantes”.

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Albert Rivera ha compartido su dolor tras el tras el repentino fallecimiento de su padre, Agustín, a los 71 años. El expolítico tenía que coger un vuelo desde Londres, donde pasaba unos días de vacaciones, al enterarse de su fallecimiento.

 

 
 
 
 
 
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Visiblemente afectado en el tanatorio, Albert Rivera ha querido despedirse de su padre con una conmovedora carta, en la que abre las puertas de su corazón, mostrando su dolor y confesándole su amor y admiración…

La vida es maravillosa, hay que disfrutarla cada minuto. Eso creía mi padre y así me lo inculcó siempre. Pero la vida a veces duele, mucho, muchísimo… Y este domingo a mi me cambió para siempre, al recibir esa llamada de mi madre que nunca estás preparado para recibir“, comienza diciendo.

“Con la sensación de que al irte me estaban arrancando parte del corazón sin anestesia”

Junto a la carta, ha compartido un retrato de su padre sonriendo, que es la forma en la que su hijo ha querido recordarle. “Rabia, incredulidad e impotencia fue lo único que pude sentir en esos primeros instantes. Y la sensación de que la vida de la que hablabas en realidad era profundamente injusta y cruel. Hoy, dos días después, después de despedirnos físicamente. De, incluso, derrumbarme en tu ataúd antes de incinerarte, con la sensación de que al irte me estaban arrancando parte del corazón sin anestesia, empiezo a ver las cosas de otra manera“, continúa la misiva.

Unas palabras muy sentidas que reflejan el duro golpe que ha supuesto la muerte de Agustín para su hijo.

“Empieza a cobrar sentido tu legado de valores, instantes y aprendizajes de estas décadas. Echaré de menos esa manera incondicional de quererme, con pocos ‘te quieros’, pero con ese derroche de amor en tus acciones cada día de mi vida. Nos conocíamos tanto, éramos tan parecidos en algunas cosas, que sin hablar durante días éramos capaces de comunicarnos. Nos intuíamos como nadie. Éramos un gran tándem“, escribe.

“Soy afortunado. De todas tus facetas de la vida he disfrutado en exclusiva de tu mejor versión, la de padre. Me enseñaste a crecer en la libertad y en la responsabilidad (que son dos caras de la misma moneda). Siempre tratabas de que acertara, pero también me dejabas equivocarme para que aprendiera a levantarme“, continúa.

Y añade: “Eres irremplazable para mi, papá. Así que tengo que llevarte conmigo, me acompañarás en mis decisiones, y estarás presente en los valores que le inculque a mis hijas. Te has ido de nuestro lado, me faltas, me muero de dolor al pensarlo. Pero te prometo que desde hoy voy a llenar ese vacío con tu esencia y tu legado“… “Y cuidaré de mamá, tu compañera de viaje desde hace más de cincuenta años”.

Al final de la carta, Albert se remite a una célebre frase de García Márquez: “Vamos a vivir tu muerte como nos pediste: celebrando la vida. Como decía Gabriel García Márquez: ‘No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió. Es cierto que se terminó, pero sucedió, ‘sucediste'”“Buen viaje, papá, te amo“.

Albert Rivera pasaba unos días de vacaciones en Londres cuando recibía la llamada de su madre, María Jesús, quien le daba la triste noticia de la partida de su padre, quien fallecía en Málaga por un problema derivado del corazón.

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