Hay viajes para los que hace falta preparar la maleta con una semana de antelación y otros en los que basta con tener un par de días libres. Las escapadas de fin de semana entran en esta segunda categoría.
Europa está llena de ciudades que permiten cambiar de aires sin pasar demasiadas horas en el avión y, con un poco de organización, dos o tres días dan para bastante. Eso sí, elegir destino importa. Para un viaje tan corto, una ciudad con un centro fácil de recorrer suele ser mucho más cómoda que un lugar en el que los desplazamientos se comen buena parte del tiempo.

Lisboa, entre cuestas y terrazas
Lisboa funciona especialmente bien para una escapada breve. Alfama, Baixa y Chiado están relativamente cerca entre sí y ofrecen suficientes cosas que hacer para llenar un fin de semana sin necesidad de ir corriendo de un sitio a otro.
Hay que asumir que tocará subir alguna cuesta, así que el calzado cómodo debería ir en la maleta. Entre paseo y paseo, siempre queda tiempo para probar un pastel de nata, sentarse en una terraza o buscar uno de los miradores de la ciudad.
Si sobra una mañana, Belém es otra opción sencilla para completar la visita.

Roma, para una dosis de historia
En Roma es difícil no acabar mirando hacia arriba. Iglesias, plazas, fuentes y restos de la antigua ciudad aparecen continuamente durante el paseo. El Coliseo, el Foro Romano, el Panteón y la Fontana di Trevi son algunos de los lugares que suelen entrar en el primer viaje.
Con solo un fin de semana, conviene seleccionar, ya que intentar visitar todos los monumentos y museos importantes en dos días acaba convirtiendo el viaje en una carrera.
Una buena solución es repartir las visitas por zonas, así se camina más y se pierde menos tiempo cruzando la ciudad de un extremo a otro.

Oporto, para tomárselo con calma
Oporto tiene otro ritmo. El centro histórico invita a caminar sin un plan demasiado cerrado, detenerse junto al Duero y cruzar hasta Vila Nova de Gaia para contemplar la ciudad desde la otra orilla.
También merece la pena entrar en la estación de São Bento y probar algún plato típico. La francesinha es contundente, pero después de recorrer las calles empinadas de Oporto puede sentar bastante bien.
Es un destino interesante para quienes prefieren dejar huecos en la agenda y decidir sobre la marcha dónde comer o qué calle seguir.
París, para enamorarse en dos días
París necesita más tiempo del que suele tener una escapada de fin de semana. Aun así, dos días permiten hacerse una idea de la ciudad si se renuncia a querer verlo absolutamente todo.
Se puede dedicar una mañana a una visita concreta, reservar la tarde para pasear junto al Sena y dejar otro rato para barrios como Montmartre o Le Marais. Los grandes museos merecen su propio viaje si se quiere recorrerlos con calma.
La gracia está en escoger unas pocas cosas que realmente apetezca hacer y olvidarse del resto por unas horas.
Preparar lo imprescindible antes de salir
En una escapada corta, perder una mañana por un retraso, una cancelación o un problema con el equipaje se nota mucho más. Por eso, antes de viajar merece la pena comprobar las condiciones de las reservas y valorar el contratar un seguro de viaje.
También es útil llevar las reservas descargadas en el móvil, comprobar los horarios de los vuelos y pensar con antelación cómo llegar al alojamiento. Son detalles bastante aburridos, pero mejor resolverlos en casa que al aterrizar.
Después queda lo más fácil: guardar un par de mudas, cerrar la maleta y disfrutar de esos dos días sin intentar convertirlos en una semana entera.

Deja un comentario