El artista puertorriqueño rompió todos los esquemas en la Super Bowl con moda asequible, espectáculo político y sorpresa sentimental.
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En una Super Bowl acostumbrada al exceso visual, Bad Bunny optó por ir en dirección contraria. Su look fue una declaración de principios: líneas limpias, silueta estructurada y una paleta cromática contenida que huía del artificio.
Nada de lentejuelas ni volúmenes imposibles. El cantante apostó por un conjunto que remitía directamente al universo de Zara y al prêt-à-porter contemporáneo: moda funcional, reconocible y fácil de imaginar fuera del escenario.
El “efecto Zara”: cuando la Super Bowl baja a la calle
El atuendo que Bad Bunny eligió para su actuación en la Super Bowl fue tan comentado como su música. Apostó por un **total look en color crema diseñado por Zara, una elección deliberada que rompió con la tradición de firmas de alta costura en el Halftime Show y puso en el centro de atención la moda accesible y popular. Estilizado por sus colaboradores habituales Storm Pablo y Marvin Douglas Linares, el conjunto incluía camisa con cuello y corbata, **jersey inspirado en el fútbol americano con el nombre “Ocasio” —su apellido real— y el número 64, que muchos interpretaron como homenaje a su familia y raíces personales.
El outfit se completó con pantalones chinos a juego y zapatillas “BadBo 1.0”, un modelo que él mismo diseñó junto a Adidas y que salió a la venta en edición limitada justo antes del evento, convirtiéndose en una pieza de culto para sus fans.
Pero la historia no terminó al bajar del escenario: Bad Bunny envió las camisetas del look —especialmente la que llevaba puesta con “Ocasio 64”— como regalo a los empleados de Zara en Arteixo (sede de Inditex) junto a un mensaje personal de agradecimiento por su trabajo en el diseño. Ese gesto, inusual incluso para él, convirtió a esa camiseta en un símbolo de reconocimiento y de conexión entre la moda de alta visibilidad y quienes la hacen posible en la industria.
La sorpresa que se han encontrado hoy los empleados de la central de Inditex en Arteixo (A Coruña). El mismísimo Bad Bunny (llamado Benito Antonio Martínez Ocasio) ha dejado de regalo una camiseta con nota de agradecimiento a cada empleado. Hace unas horas la lució en su… pic.twitter.com/Uk7AULr80l
— Quincemil (@quincemil15000) February 9, 2026
Bad Bunny vuelve así a reforzar una idea que lleva años trabajando: la moda como herramienta cultural, no como escaparate elitista. Vestirse bien no implica vestirse inaccesible.
Una boda inesperada en directo y un guiño político nada casual
Más allá del vestuario, el espectáculo del medio tiempo de Bad Bunny dio uno de los momentos más insólitos en la historia de la Super Bowl: una boda real celebrada en pleno escenario. La pareja que apareció vestida de blanco no fue un recurso escenográfico, sino que se casó legalmente ante millones de espectadores mientras Bad Bunny interpretaba parte de su repertorio y Lady Gaga cantaba un fragmento de “Die With a Smile”. El artista no solo formó parte de la ceremonia como testigo, sino que firmó el certificado de matrimonio, lo que dio validez oficial al enlace frente al público del Levi’s Stadium y el mundo entero.
Cómo así que la boda en la presentación de Bad Bunny en el Súper Bowl fue real 😱😱 nuevo sueño desploqueado 😂🤭 pic.twitter.com/pYMRxPrXjY
— Laura Rojas (@SoyRojasLaura) February 9, 2026
En ese mismo contexto, también hubo espacio para la lectura política. Sin discursos explícitos, la puesta en escena y algunos detalles del show fueron interpretados como un mensaje indirecto en la era de Donald Trump, una alusión sutil al clima social estadounidense que añadió una capa de significado sin desviar el foco principal.
🇺🇸 | ÚLTIMA HORA: Donald Trump critica la actuación de Bad Bunny:
«Un espectáculo de medio tiempo del Super Bowl «absolutamente terrible» y «uno de los peores» de la historia, con Bad Bunny cantando completamente en español. «Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este… pic.twitter.com/IPMd77sqdH
— Alerta Mundial (@AlertaMundoNews) February 9, 2026
Minimalismo con narrativa
Cada detalle parecía calculado para sostener el discurso visual del show. El corte del conjunto, la ausencia de ornamentos innecesarios y la forma en la que la ropa se movía sobre el cuerpo reforzaban una estética sobria que contrastaba con la magnitud del evento.
Incluso el escenario —con la famosa “casita” como telón de fondo— acompañaba ese concepto: intimidad, cercanía y cotidianeidad elevada a espectáculo global.
Un nuevo estándar para los grandes escenarios
Con esta elección, Bad Bunny demuestra que la moda en la Super Bowl no tiene por qué competir en exceso para ser memorable. A veces basta con un buen corte, una idea clara y una estética reconocible para marcar tendencia.
La conclusión es sencilla: mientras otros buscan deslumbrar, él prefiere construir estilo. Y ahí es donde vuelve a ganar.

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